jueves, mayo 08, 2008

VIEJOS ZAPATOS




Alicia era una chica a la que le encantaba pasear, le gustaba andar por todas partes, pero sobretodo le gustaba salir de su casa por la tarde e ir a pasear por las calles sin rumbo fijo y al final del camino comprarse un helado en el kiosco de la esquina.
Tanto le gustaba pasear que a veces se descubría saltando sin darse cuenta, y luego avergonzada miraba al suelo y seguía caminando.
Se sentía libre.
Un día Alicia en uno de sus paseos mirando escaparates se fijó en unos zapatos preciosos, de sus colores favoritos. Estuvo mirándolos durante largos minutos y al ver el precio decidió no mirarlos más, miró sus viejos zapatos con resignación y siguió caminando.
Sus zapatos no eran feos, es más cuando los compró hace años les parecían los más bonitos del mundo, pero cada vez que recordaba los del escaparate sentía la gran necesidad de comprárselos.
Esa noche pensó que intentaría ahorrar hasta poder conseguir el dinero suficiente para comprarse esos zapatos nuevos tan bonitos.
Al día siguiente cuando paseaba por el recorrido de siempre, no se compró el helado que tanto deseaba, y se dio la vuelta para volver a su casa.
Así pasaron los días y Alicia dejó de comprarse el helado.
Por fin, un tarde al contar el dinero que había conseguido en estos días se sorprendió mucho al descubrir que ya podría comprarse esos zapatos tan bonitos, así que sin pensarlo dos veces fue corriendo a la tienda y se los compró sin ningún reparo.
Cuando llegó a casa no pasaron ni dos minutos y ya se había puesto sus zapatos nuevos, tan bonitos que le conjuntaban con toda la ropa que tenía.
Cuando se miró al espejo, Alicia se sentía más guapa que nunca, nunca imaginó que sus zapatos nuevos la hicieran tan feliz.
Se apresuró a salir a su paseo de siempre y con sus viejos zapatos en la mano bajó las escaleras de su casa, y en la calle, abandonó sus zapatos viejos al lado del contenedor más cercano.
Alicia cuando caminaba saltaba de alegría, y pensaba que por fin podría pasear sin pensar en nada.
Al cabo de un rato los zapatos empezaron a hacerle pequeñas heridas, pero no las suficientes como para quejarse de sus nuevos zapatos tan bonitos, era mayor el placer de verlos que el dolor que sentía.
Al pasar las horas el dolor era insoportable, y cuando llegó al kiosco ya no le apetecía tomarse el helado.
De vuelta a casa Alicia se encontró con una amiga que muy contenta comentó los bonitos que eran sus zapatos nuevos. Pero Alicia no fue capaz de decirle que esos zapatos en realidad la estaban destrozando por dentro, se avergonzaba de haber estado tanto tiempo esperando a tenerlos y ahora reconocer que le hacían mucho daño. Así que sonrió y dio las gracias.
Cuanto más se acercaba a su casa, más deprisa intentaba caminar, pero menos avanzaba.
Las heridas de sus pies le dolían cada vez más.
Cuando por fin estaba cerca, fue corriendo al contenedor para coger sus viejos zapatos y así poder caminar otra vez con ellos, pero en ese momento el camión de la basura se alejaba con sus viejos zapatos dentro.
Alicia sintió desesperación, pero al cabo del tiempo aprendió a caminar con ese dolor en sus pies. Se acostumbró tanto a ello, que ya ni recordaba que antes al caminar se sorprendía saltanto.